Entre los aportes más grandes de los Estados Unidos a la cultura popular del planeta durante el siglo XX debemos incluir el cartoon, el dibujo animado industrial sonoro que tuvo su auge real en salas cinematográficas entre 1928 (con el primer corto animado sonoro, Steamboat Willie) y 1963 (cuando The Pink Phink, de la Pantera Rosa, cerró la exhibición obligatoria de estas películas en los cines). Varias precisiones son necesarias: la primera, que más allá de lo que puede pensarse, nunca se hicieron pensando en los niños, sino como un comentario cómico y absurdo sobre la realidad. Que en su mayoría los protagonistas fueran animales tiene como explicación la dimensión satírica (jamás alegórica) y que gatos, ratones, conejos, patos y coyotes permitían, al hablar y ponerse guantes, al deformarse contra las reglas de la física, al estrellarse y resucitar dos fotogramas después, triturar lo ridículo de nuestros comportamientos. Hay que redescubrir este cine, y como hace mucho, demasiado que no se ve en pantalla grande y como corresponde, aquí vamos para que los papás recuerden y los chicos descubran.
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