Artista: Hernán César
“Un denso humo negro cubrió la escena de la quema en vida de la infortunada víctima. No se escuchó ningún grito desesperado, ni llantos. Solamente una quejumbre que más bien parecía un murmullo de amenazas, un sordo canto fúnebre”.
Fragmento del diccionario de Mitos y leyendas, sobre la leyenda litoraleña que dio origen al árbol del ceibo.
El mural textil “Anahí, en el jardín de humo negro” nace de una experiencia sensorial y reflexiva del artista en el Museo de Arte Popular José Hernández de la ciudad de Buenos Aires a principios de 2025. En un recorrido por ese museo, la vegetación del patio, cargada de historia y tradición, despertó en él la posibilidad de continuar una búsqueda ya presente en su obra: el diálogo con las flores y los jardines.
El punto de partida fue el ceibo, flor nacional argentina. Junto a ella, en esta obra aparece la pasionaria o mburucuyá, como flor interlocutora que introduce tensiones y contrapuntos formales, invitando a pensar en la convivencia de lo local y lo universal, de lo visible y lo secreto.
Silvia Anighini, curadora
Desde la infancia, el artista mostró inclinación por lo visual. En el colegio industrial, donde no existían materias artísticas, encontró en el dibujo técnico su principal interés: allí aprendió a usar herramientas de geometría y perspectiva. En 2002 egresó de la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón como Profesor Nacional de Pintura.
Su búsqueda estética siempre estuvo marcada por lo gráfico, tomando inspiración del papel tapiz, las tramas, los patrones y la naturaleza. Esta exploración incesante lo ha llevado a trabajar con motivos tanto abstractos como orgánicos, encontrando en la tela, la impresión y el bordado medios privilegiados para manifestar su gran protagonista: el color.
Actualmente, su técnica se centra en el bordado como formato principal. Aprendió a tejer con dos agujas en su niñez y, con el tiempo, incorporó nuevas herramientas como la bordadora electrónica y agujas artesanales —punch needle, crochet y de lana— que expandieron sus posibilidades creativas.
Si bien se formó como pintor, dedicó quince años al grabado, un campo que reforzó su identidad gráfica. En la última década se ha acercado al dibujo y al lenguaje textil, donde los pequeños formatos han dado origen a proyectos de gran escala, consolidando un recorrido que articula tradición y experimentación.
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